En una época que antes significaba alivio económico, los transportistas enfrentan terminales vacías y menos pasajeros. La crisis política y la incertidumbre económica han cambiado el pulso de las fiestas.
Diciembre solía ser sinónimo de movimiento, filas largas y unidades llenas. Hoy, en plena temporada festiva, los pasajeros no llegan.
Las terminales permanecen en silencio y los motores se encienden más por obligación que por esperanza. Para los transportistas, el cierre del año llegó sin el repunte que durante décadas marcó estas fechas.
“El cambio se siente desde temprano”, cuenta un conductor mientras observa los asientos vacíos. “Antes no dábamos abasto, ahora damos vueltas sin pasajeros”.
Pasajeros ausentes en la época que antes salvaba el año
Las fiestas de fin de año históricamente permitían al sector compensar meses difíciles. Era el momento de mayor flujo de pasajeros, de viajes familiares, compras y celebraciones. Este 2025, esa dinámica se rompió.
Transportistas coinciden en que la crisis política y la inestabilidad económica han limitado la movilidad.
Muchas personas optaron por quedarse en casa o reducir gastos, afectando directamente la cantidad de pasajeros en rutas urbanas e interurbanas.
“Antes diciembre nos levantaba”, relata otro operario. “Ahora apenas cubrimos combustible. El pasajero simplemente no está saliendo”.
Terminales vacías y rutas casi desiertas
El impacto no es solo una percepción. En varias terminales, la actividad es mínima. Unidades que antes salían llenas ahora esperan más tiempo para completar un viaje.
“Hay rutas que salen casi vacías”, explica un transportista. “Con pocos pasajeros, el ingreso no alcanza y la incertidumbre crece”.
El desplome no solo golpea a los conductores, sino también a ayudantes, despachadores y familias enteras que dependen del movimiento diario del transporte.
La incertidumbre económica detrás del desplome
Los testimonios apuntan a una combinación de factores: menos ingresos en los hogares, temor al gasto y un ambiente político que frenó decisiones básicas, incluso las relacionadas con viajar.
“Si la gente no tiene para celebrar, tampoco tiene para moverse”, resume un conductor con más de 20 años de experiencia. “Sin pasajeros, el volante pesa más”.
El panorama contrasta con años anteriores, cuando las fiestas garantizaban estabilidad temporal y un cierre de año menos angustiante.
Las fiestas pasan, pero el silencio en las terminales quedó. El desplome de pasajeros no solo refleja una temporada difícil, sino el pulso de un país que se mueve menos, gasta menos y espera más certezas.
Para los transportistas, el motor sigue encendido, aunque el camino hacia la recuperación aún no aparece en el retrovisor.



